Preocupado y ocupado por la gestión de la nueva escuela: recursos y reflexión

Archivo para noviembre, 2015

¿Aceptamos este momento tal cual es?

¿Tenedor o cuchara?Ya casi nadie se acuerda de cuando los yogures solamente eran naturales. Luego alguien les introdujo aromas de diferentes frutas y sabores. También apareció el yogur azucarado (ahorrándonos la engorrosa tarea de echar nosotros el azúcar), los colorantes, los yogures con frutas, los de soja, los desnatados… Un proceso parecido han sufrido las patatas fritas, pudiendo encontrarnos hoy un abanico amplísimo de variedades: sabor a cebolla, campesinas, barbacoa…¿A los consumidores del siglo XXI no nos parecen suficientemente buenas las patatas fritas con sabor a patata frita? ¿Les falta algo a los yogures con sabor a yogur?

Me ha llevado a las patatas fritas una afirmación del maestro Eckhart Tolle: algunas personas “se pasan el tiempo deseando alcanzar un estado de plenitud perfecto [risas]; el estado perfecto es aceptar plenamente este momento”.

Es fácil encontrarnos en un rato anodino tratando de llenarlo con una ojeada al Facebook, la lectura de los ingredientes del ketchup o una visita a la nevera. A mí me pasa con frecuencia y me encuentro tratando de completar lo que ya es con más relleno, algo que ya está completo con más postizo; y me doy cuenta de que lo que realmente estoy haciendo es negar la plenitud de este instante. Y, probablemente, saciar una falsa necesidad con algo que no la va a saciar. Es posible que algo de esto explique algunas compulsiones o incluso adicciones. Que lo confirme algún experto.

Y esto me lleva donde siempre. En educación nos puede pasar también que no acabamos de aceptar el instante que vivimos, le encontramos muchas pegas al espacio, identificamos todas las faltas de la persona que tenemos enfrente, vemos con más claridad el camino que necesita recorrer este grupo de alumnos que lo que son… Y así sucesivamente con mis compañeros, mi director, las familias, mi ministro de educación… y puede que hasta conmigo mismo. De hecho esto último, vivirme como lo que todavía no sé, lo que me falta por hacer, el tiempo que no tengo… probablemente me haga vivir todo lo demás con ese mismo lastre. Como profesor, estoy convencido, como muchos de vosotros, de que atender a lo que le falta a mi alumno me inhabilita como facilitador de su crecimiento. Sencillamente porque no me voy a relacionar con él, sino con lo que no es. Y nuestra relación, personal y honesta, probablemente sea nuestra principal herramienta de trabajo

Una pista (del propio Eckhart Tolle). Para contemplar la realidad, a los demás y a ti mismo sin juzgar, entrena contemplando la naturaleza. No miramos (normalmente) un paisaje, un animal o un lago juzgándolo. Luego traslada ese ejercicio a la realidad humana.Cielo nublado

Una propuesta. Varias veces a lo largo del día cierra los ojos. Respira. Toma aire y sé consciente de tu cuerpo. Serena el ritmo de tu respiración. Deja que un sentimiento de gratitud brote por tus sensaciones agradables, por tu cuerpo, por el aire que te rodea, por el sonido que estás escuchando, por todo lo que eres, porque eres. Siente cómo el reloj se para un minuto y disfruta de la sensación, siquiera durante ese solo minuto, de que no tienes que ir a ningún sitio, y de que la felicidad está AQUÍ Y AHORA. Acepta ese ahora plenamente como lo que es.

Después, si te apetece, tómate un yogur natural.

“Equivócate lo antes posible”

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Esta frase la dice con frecuencia Andrew Stanton, uno de los directores de Pixar. Lo cuenta Ed Catmull (Presidente de Pixar Animation y Disney Animation) en su libro Creatividad S. A. (Conecta, 2014), en el que se esfuerza por transmitir los principios sobre los que se ha asentado Pixar. Si una persona o una organización no están dispuestas a equivocarse, será muy difícil que la creatividad fluya y permita desarrollar proyectos brillantes. Por eso, cuanto antes, mejor.
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Es fácil decirlo, casi indiscutible, pero… Quien conoce (quién no) el amargo sabor a fracaso de una metedura de pata, la sensación de haber sido ignorado, arrinconado o descartado (si no ridiculizado) por ello, fácilmente tratará de evitar repetir la experiencia. Procurará hablar  cuando esté seguro de lo que va a decir, solamente hará propuestas previamente “testadas”, incluso, en soledad, acallará algunos pensamientos íntimos por improcedentes. Junto con las ideas, propuestas y sugerencias descartables se quedarán en el mundo de lo irrealizable un buen puñado de buenas ideas (acaso alguna brillante, varias emocionantes) y se perderán para siempre.

Si has identificado esa sensación de fracaso (de la que parece natural huir) tal vez puedas reconocer su origen, aquella primera ocasión en que la tuviste. Probablemente fue en la niñez (cuando todas las huellas se hacen más profundas) en casa o… en la escuela.

Y esto me hace preguntarme, ¿cómo educamos en la convivencia con el error?, ¿qué es un error?, ¿quién dice que lo sea?
En el aula, ¿descansa la autoridad del profesor en el criterio para discriminar qué es un acierto y qué es un fallo? ¿Ser maestro consiste en determinar lo que es correcto y lo que está mal?
¿Cuánta violencia hay en quien, desde pequeño, ha recibido sobre todo mensajes de error? ¿Qué percepción tendrá de sí mismo?

Sabemos (al menos, muchos de nosotros nos lo creemos en alguna medida) que la equivocación es inevitable en cualquier proceso de resolución o creación, veneramos ejemplos de grandes personalidades, que han triunfado de fracaso en fracaso hasta el éxito, admiramos el humor con que los creadores geniales se enfrentan a sus intentos, la audacia con la que se levantan tras cada caída, y anhelamos generar atmósfera de colaboración donde el espíritu colectivo fluya creativo y vital.

Me ha venido a la cabeza mi amigo Jose, madrileño, como yo. Cuando empezó a dar sus primeras clases en Cataluña (en catalán), su dominio de esa lengua era limitado. Con el primer error advirtió a sus alumnos de lo divertido que iba a ser escucharle meter la pata, y juntos lo desdramatizaron, lo que fue de gran ayuda para él, pero sobre todo para ellos, que disfrutaron de un profesor que no absolutizaba el fallo, sino el aprendizaje. Ellos acabaron admirando su progresión en el uso del catalán y seguro le perdieron miedo a las Matemáticas.

¿Humor? El de quien sea capaz de sonreír ante sus propios intentos fallidos ¿Cariño? El que inspirará quien sonría ante los errores de los demás, no desde la benevolencia suficiente del que ya los ha cometido , sino desde la acogida de quien piensa que lo inteligente es no categorizar demasiado rápido las cosas como errores, porque ese puede ser el error.
¿Audacia? La del que esté dispuesto a volver a equivocarse, a intentarlo. ¿Colaboración? La que brota natural cuando estamos dispuestos a asumir que el error del otro puede ser la idea buena.

Un artista de la inclusión en la escuela

Mi amigo Cristóbal Calero, @criscalero27, participó el otro día en el Congreso de Escuelas Católicas, #sabemoseducar. Me lo perdí, pero veo en twitter parte de la reacción que provocó su intervención y, como lo conozco, me emociono (o eso creo) en la misma sintonía que se emocionaron los que tuvieron la suerte de escucharle.

Me he permitido tomar unos tweets prestados, y, como no sé si son afirmaciones que hizo él, o de los twitteros que respondieron a lo que él dijo, menciono a todos y os doy las gracias.

Cristóbal vive lo que dice que y lo que hace, por eso emociona.

Algunas afirmaciones suyas o de quien le escuchó el 30 de octubre de 2015

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