Preocupado y ocupado por la gestión de la nueva escuela: recursos y reflexión

Archivo para agosto, 2013

La partida de ajedrez o gestionar un centro educativo

Objetivo, paciencia, atención, protección, pausa, consciencia y humildad

Recientemente hemos celebrado en el colegio un torneo de ajedrez. El punto inicial de cada partida de este deporte es el mismo, pero cada una evoluciona de un modo diferente. Sin ser más que aficionado al ajedrez, me atrevo a decir que algunas consideraciones sirven para todas ellas. Y también para la planificación en un centro educativo. Imagino que incluso para otro tipo de organización, pero ahí no me meto. ¿Me acompañas en la metáfora?

OBJETIVO. El objetivo debe estar muy claro. Tan claro como el jaque mate. Y ha de ser compartido por todos los que tenemos que ver con él. ¿Qué queremos, cómo lo queremos, cuándo?

PACIENCIA. No se puede hacer jaque en la primera jugada, y mucho menos mate. Poder atacar el objetivo requiere tener las fichas bien situadas, y eso lleva tiempo e intención. Hará falta paciencia antes de poder amenazar la posición del rey. Cada turno de juego implica esperar que el contrario mueva. Por otra parte, pedirle a nuestras figuras un ataque para el que, por posición (formación, visión, necesidad) no están preparadas, será la ruina segura. Los sueños que tenemos para nuestro centro merecen que no nos pueda la ansiedad.

ATENCIÓN. Necesitamos dominar el centro, y de poco nos sirve controlar la periferia. La esencia de nuestra actividad, de nuestra razón de ser como centro educativo requiere mucha atención. No es extraño, sin embargo, que alguien con responsabilidades directivas en un centro dedique muchas energías y atención a cuestiones periféricas. Este error compromete la partida y, antes o después, nos pasa factura. ¿Cuál es la esencia de mi institución? ¿Cuál es la esencia de mi tarea en ella? ¿Le dedico lo esencial?

PROTECCIÓN. Protejamos nuestras figuras. Especialmente, las más influyentes; y las más delicadas; y las más frágiles. ¿Tengo bien atendidos a todos?

PAUSA. Cada jugada necesita pausa. Un tiempo para pensarla. Objetivos, estrategia, planificación, y permanente lectura de la situación presente. Las decisiones que mas recursos comprometen, que involucran a más personas, que más energías van a requerir, no pueden ser precipitadas. Lo que viene inseparablemente acompañado de lo siguiente.

CONSCIENCIA. Cada jugada no tiene vuelta atrás. ¿Qué nos aporta lamentarnos por la situación que teníamos en la anterior jugada? ¿A qué nos ayuda valorar si ahora estamos mejor o peor? Estamos aquí y estamos ahora. ¿Recordáis cuál era nuestro objetivo? ¿Con qué contamos AHORA para seguir avanzando? ¿Qué necesitamos? Pensemos. Valoremos las posibilidades y las amenazas. Y actuemos.

Y, en fin, HUMILDAD. No siempre se puede ganar. Somos falibles. Podemos no alcanzar los objetivos que nos habíamos trazado. A lo mejor no era el momento. Quizá no compartíamos la misma visión del objetivo, o equivocamos la planificación, o los medios que dispusimos. Puede que la ansiedad nos tensara. O nos distrajimos con cuestiones no esenciales. Tal vez elementos externos nos impidieron avanzar. Sin embargo, la próxima partida, con todo lo que hemos aprendido en esta, será la nuestra. ¿Por qué no?

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Yo, las uvas, nunca me las tomo el 31 de agosto

Crecen... A pesar del adoquinado, del peatón, del fotógrafo, del ayuntamiento, de la lógica...

Crecen…
A pesar del adoquinado, del peatón, del fotógrafo, del ayuntamiento, de la lógica…

Se acerca el principio… ¡Uf!, qué cuesta arriba. ¿El principio de qué? Del siguiente curso. Habrá quien lo empiece después de años de experiencia y quien lo haga por primera vez. Quien comience con ciclo, materias o en un centro nuevo. Quien se enfrente a este curso con una nueva responsabilidad entre manos. Quien inicie el curso sin saber dónde va a trabajar, con quién; ni si quiera si va a trabajar. ¡Suerte y ánimo para todos!

¿Se tratará nada más que de un curso más? En septiembre, amigos y amigas, ¿comienza la aventura, el trabajo, el aprendizaje, el encuentro, los recortes, las programaciones, los desajustes, las oportunidades, las reivindicaciones, los proyectos?

Los que trabajamos en un centro educativo somos unos privilegiados. Trabajamos en un lugar maravilloso, donde ocurren milagros, donde todo es posible. Sí, sí: un lugar maravilloso. Y creo que trabajamos en un lugar maravilloso por una razón aplastante: porque nuestra misión es convertir nuestras aulas, colegios, institutos, escuelas… en lugares maravillosos para los destinatarios de nuestro trabajo, para los niños. Entornos de seguridad, acogedores, donde lo imposible puede ocurrir; donde todos tienen un hueco y al que apetece ir por las mañanas; donde a uno lo quieren: allí me creen capaz, cuentan conmigo, me echan de menos si no voy; donde, para tantos, es donde mejor se come, se detectan enfermedades o trastornos; donde me ven como una oportunidad, y no como un problema; donde escucho mi nombre de pila y recibo mensajes que me ayudan a crecer. Donde todos somos iguales en derechos. Donde el saber está por encima del tener, y el ser por encima del saber.

Igual con septiembre no llega el comienzo de nada. Me parece a mí que situar en septiembre el principio de lo que sea (o el final de mis vacaciones), supone mirar la escuela desde el ángulo del educador, del claustro, del director. El aprendizaje de nuestros alumnos comienza mucho antes de que nosotros entremos en escena, y continúa mucho después de que el profesor desaparezca.

¿Un deseo para este curso? Que cada día contemplemos esta tarea fascinante y agotadora desde los ojos de sus protagonistas: nuestros alumnos.

PD ¿Cuándo tomar las doce uvas? Yo, cuando se las toman mis alumnos.