Preocupado y ocupado por la gestión de la nueva escuela: recursos y reflexión

Archivo para agosto, 2012

¿Enseñar, educar, provocar?

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Mi seguido cumClavis, consultor artesano y bloguero, escribe y recuerda los que para él han sido auténticos formadores. Ellos le hicieron consciente de aquello que le habían enseñado, le revelaron conocimiento, facilitando la clasificación, archivo y conservación en su acervo cultural,
consiguieron hacerle sentir un iniciado, despertando en él las ganas por investigar y el ansia de transformarse en alguien distinto a través del saber más, removiendo con su mensaje el lodo de todo lo que ya conocía y despertando de ese modo un saber genuino, absolutamente propio, que le hizo posible convertirse en su propio maestro. Termina afirmando: “Lo que importa no es lo que se enseña sino lo que se provoca haciéndolo.”
La lectura de The Element, de Ken Robinson, me hace pensar que la mayor provocación que podamos realizar mediante la enseñanza-aprendizaje, la de mayor alcance, la más transformadora, puede ser la que ponga a cada niño en el camino de encontrar esa tarea o dedicación que le apasione y se le dé bien (El Elemento, en su nomenclatura).
Cuántos niños y niñas han pasado por el sistema educativo y no han desarrollado, ni siquiera se han asomado, a eso que les iba a colocar en disposición de hacer una mayor contribución a su tiempo (en las artes, las ciencias, el deporte o cualquier otro campo) y que podía hacerles felices.
Al hilo de cumClavis y del Elemento mi pregunta es: ¿cómo proyectar, planificar y organizar una escuela que mueva a sus alumnos a ser sus propios maestros, provoque el crecimiento y la transformación de la persona, y los ayude a encontrar el lugar y la tarea que los convertirá en significativos para su tiempo y seres humanos felices?
La pregunta es amplia y estoy en el camino de ir buscando piezas para una respuesta vivible. De momento propongo una primera:
Busquemos en la escuela motivos para apasionarnos y contagiemos esa pasión entre todos nosotros. La pasión nos dará energía suficiente para movilizar este sistema de aspecto inamovible y uniformador y convertirlo en un sistema que da vida. Sobre esto reflexionaré en un próximo artículo.
Por pura necesidad.
EPÍLOGO. Para ir abriendo boca, sobre aprendizaje pasional no os perdáis este artículo

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