Preocupado y ocupado por la gestión de la nueva escuela: recursos y reflexión

-Mi colegio es un buen colegio.
-Probablemente, cualquier director diría lo mismo del suyo.
-El mío está por encima de la media.
-Casi todos los directores pensarán lo mismo del suyo.
-¡Pero yo tengo datos!
-Seguro que ellos también.
-Pues de todos esos directores, hay muchos que están equivocados.

Esta discusión no tiene para mí tanto interés como la de dudar de nuestros magníficos colegios. Así que, a ti que diriges un buen colegio o instituto, o eres profesor o, en fin, estás ligado de una u otra manera a un proyecto educativo te pregunto, y me pregunto contigo. Puedes “marcar” aquello que estés seguro que ocurre sistemáticamente en tu buen colegio (y en el mío).

  • A un niño o una niña que empiece primaria en 1ºA, y luego pase a 2ºA, y así en adelante, la vida escolar (y la vida en general) le va ir  sustancialmente igual que al que vaya de 1ºB a  2ºB…
  • Los niños de nuestro magnífico centro no aprenden, sobre todo, a responder preguntas cerradas en exámenes donde, al contrario que en la vida real, hay una respuesta correcta, y todo lo demás es erróneo.
  • En un buen colegio es imposible que un genio (genio en alguna de las facetas de la inteligencia, no solamente matemática o lingüística) se siente en sus pupitres desde los 3 años hasta los 18 y el colegio no sea capaz de dar salida a su talento. Ni mucho menos que nadie se dé cuenta de esas capacidades.
  • En nuestro estupendo centro no hay un ritmo principal al que deben intentar incorporarse todos los alumnos, independientemente de sus intereses o características. Aquí, las propuestas se hacen teniendo en cuenta toda esa diversidad, y por lo tanto nadie se queda descolgado.
  • En nuestro buen colegio se enseña a pensar críticamente, adaptarse al cambio, inventar soluciones.
  • Estamos seguros de lo que evaluamos, nos convence y coincide nuestra convicción docente con lo que después aparece en los boletines de calificación. Las sesiones de evaluación se centran en lo sustancial.
  • Detectamos sistemáticamente diferentes estilos de aprendizaje, dificultades y oportunidades y las compartimos con los padres.
  • Los padres y demás familia entran en el colegio o instituto de manera natural, participan y aportan a la vida escolar.
  • El centro evalúa sus decisiones, aprende de sus aciertos y de sus errores.
  • No se toman decisiones improvisadas en función de casos particulares, sino que se asientan criterios estables coherentes con el proyecto.
  • El centro avanza y crece en diálogo con otras experiencias educativas y otras instituciones.
  • Los profesores de secundaria, graduados superiores, tienen una formación en pedagogía y didáctica sólida y actualizada.
  • Los maestros estudiaron cosas superinteresantes en la Escuela Universitaria, y las han visto aplicar en su ejercicio profesional.
  • Los directores compartimos la dirección del centro, impulsamos las iniciativas innovadoras, cuidamos que las necesidades del centro y las de los docentes individuales sean compatibles.
  • El personal no docente es partícipe activo del proyecto educativo.

En fin, no quiero ser exhaustivo. Por supuesto que las afirmaciones podrían haber sido bien distintas si para mí los elementos de un buen colegio fueran otros. Los ítems que he elegido son discutibles y puede que eches en falta aspectos importantes para ti. Estos son los que a mí me preocupan más.

En cualquier caso, muchos de estos aspectos no están incorporados sistemáticamente (es decir, independientemente del docente individual) a la cultura de muchísimos buenos centros educativos. Anda que no tenemos trabajo.

PD He evitado exponer directamente aquellas prácticas excelentes hoy por hoy limitadas por decisiones políticas que cada día están reduciendo recursos, recortando la inversión y planificando la educación en España y otros lugares del mundo, de modo que difícilmente la generación que actualmente está en las aulas tendrá mejor formación que sus predecesores. Es para echarse a llorar o temblar. Pero como el sustrato de este blog no quiero que sea más que la esperanza y la emoción que nos motive a hacer todo lo que podamos para transformar la educación a pesar de Educación; como esa mirada tan miope no nos puede iluminar, ni ese movimiento nos puede estimular; como los seres humanos que abarrotan las aulas siguen mereciéndose lo mejor de nosotros mismos, lo saco del discurso. Pero me sigue doliendo.

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