Preocupado y ocupado por la gestión de la nueva escuela: recursos y reflexión

¿Tenedor o cuchara?Ya casi nadie se acuerda de cuando los yogures solamente eran naturales. Luego alguien les introdujo aromas de diferentes frutas y sabores. También apareció el yogur azucarado (ahorrándonos la engorrosa tarea de echar nosotros el azúcar), los colorantes, los yogures con frutas, los de soja, los desnatados… Un proceso parecido han sufrido las patatas fritas, pudiendo encontrarnos hoy un abanico amplísimo de variedades: sabor a cebolla, campesinas, barbacoa…¿A los consumidores del siglo XXI no nos parecen suficientemente buenas las patatas fritas con sabor a patata frita? ¿Les falta algo a los yogures con sabor a yogur?

Me ha llevado a las patatas fritas una afirmación del maestro Eckhart Tolle: algunas personas “se pasan el tiempo deseando alcanzar un estado de plenitud perfecto [risas]; el estado perfecto es aceptar plenamente este momento”.

Es fácil encontrarnos en un rato anodino tratando de llenarlo con una ojeada al Facebook, la lectura de los ingredientes del ketchup o una visita a la nevera. A mí me pasa con frecuencia y me encuentro tratando de completar lo que ya es con más relleno, algo que ya está completo con más postizo; y me doy cuenta de que lo que realmente estoy haciendo es negar la plenitud de este instante. Y, probablemente, saciar una falsa necesidad con algo que no la va a saciar. Es posible que algo de esto explique algunas compulsiones o incluso adicciones. Que lo confirme algún experto.

Y esto me lleva donde siempre. En educación nos puede pasar también que no acabamos de aceptar el instante que vivimos, le encontramos muchas pegas al espacio, identificamos todas las faltas de la persona que tenemos enfrente, vemos con más claridad el camino que necesita recorrer este grupo de alumnos que lo que son… Y así sucesivamente con mis compañeros, mi director, las familias, mi ministro de educación… y puede que hasta conmigo mismo. De hecho esto último, vivirme como lo que todavía no sé, lo que me falta por hacer, el tiempo que no tengo… probablemente me haga vivir todo lo demás con ese mismo lastre. Como profesor, estoy convencido, como muchos de vosotros, de que atender a lo que le falta a mi alumno me inhabilita como facilitador de su crecimiento. Sencillamente porque no me voy a relacionar con él, sino con lo que no es. Y nuestra relación, personal y honesta, probablemente sea nuestra principal herramienta de trabajo

Una pista (del propio Eckhart Tolle). Para contemplar la realidad, a los demás y a ti mismo sin juzgar, entrena contemplando la naturaleza. No miramos (normalmente) un paisaje, un animal o un lago juzgándolo. Luego traslada ese ejercicio a la realidad humana.Cielo nublado

Una propuesta. Varias veces a lo largo del día cierra los ojos. Respira. Toma aire y sé consciente de tu cuerpo. Serena el ritmo de tu respiración. Deja que un sentimiento de gratitud brote por tus sensaciones agradables, por tu cuerpo, por el aire que te rodea, por el sonido que estás escuchando, por todo lo que eres, porque eres. Siente cómo el reloj se para un minuto y disfruta de la sensación, siquiera durante ese solo minuto, de que no tienes que ir a ningún sitio, y de que la felicidad está AQUÍ Y AHORA. Acepta ese ahora plenamente como lo que es.

Después, si te apetece, tómate un yogur natural.

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Esta frase la dice con frecuencia Andrew Stanton, uno de los directores de Pixar. Lo cuenta Ed Catmull (Presidente de Pixar Animation y Disney Animation) en su libro Creatividad S. A. (Conecta, 2014), en el que se esfuerza por transmitir los principios sobre los que se ha asentado Pixar. Si una persona o una organización no están dispuestas a equivocarse, será muy difícil que la creatividad fluya y permita desarrollar proyectos brillantes. Por eso, cuanto antes, mejor.
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Es fácil decirlo, casi indiscutible, pero… Quien conoce (quién no) el amargo sabor a fracaso de una metedura de pata, la sensación de haber sido ignorado, arrinconado o descartado (si no ridiculizado) por ello, fácilmente tratará de evitar repetir la experiencia. Procurará hablar  cuando esté seguro de lo que va a decir, solamente hará propuestas previamente “testadas”, incluso, en soledad, acallará algunos pensamientos íntimos por improcedentes. Junto con las ideas, propuestas y sugerencias descartables se quedarán en el mundo de lo irrealizable un buen puñado de buenas ideas (acaso alguna brillante, varias emocionantes) y se perderán para siempre.

Si has identificado esa sensación de fracaso (de la que parece natural huir) tal vez puedas reconocer su origen, aquella primera ocasión en que la tuviste. Probablemente fue en la niñez (cuando todas las huellas se hacen más profundas) en casa o… en la escuela.

Y esto me hace preguntarme, ¿cómo educamos en la convivencia con el error?, ¿qué es un error?, ¿quién dice que lo sea?
En el aula, ¿descansa la autoridad del profesor en el criterio para discriminar qué es un acierto y qué es un fallo? ¿Ser maestro consiste en determinar lo que es correcto y lo que está mal?
¿Cuánta violencia hay en quien, desde pequeño, ha recibido sobre todo mensajes de error? ¿Qué percepción tendrá de sí mismo?

Sabemos (al menos, muchos de nosotros nos lo creemos en alguna medida) que la equivocación es inevitable en cualquier proceso de resolución o creación, veneramos ejemplos de grandes personalidades, que han triunfado de fracaso en fracaso hasta el éxito, admiramos el humor con que los creadores geniales se enfrentan a sus intentos, la audacia con la que se levantan tras cada caída, y anhelamos generar atmósfera de colaboración donde el espíritu colectivo fluya creativo y vital.

Me ha venido a la cabeza mi amigo Jose, madrileño, como yo. Cuando empezó a dar sus primeras clases en Cataluña (en catalán), su dominio de esa lengua era limitado. Con el primer error advirtió a sus alumnos de lo divertido que iba a ser escucharle meter la pata, y juntos lo desdramatizaron, lo que fue de gran ayuda para él, pero sobre todo para ellos, que disfrutaron de un profesor que no absolutizaba el fallo, sino el aprendizaje. Ellos acabaron admirando su progresión en el uso del catalán y seguro le perdieron miedo a las Matemáticas.

¿Humor? El de quien sea capaz de sonreír ante sus propios intentos fallidos ¿Cariño? El que inspirará quien sonría ante los errores de los demás, no desde la benevolencia suficiente del que ya los ha cometido , sino desde la acogida de quien piensa que lo inteligente es no categorizar demasiado rápido las cosas como errores, porque ese puede ser el error.
¿Audacia? La del que esté dispuesto a volver a equivocarse, a intentarlo. ¿Colaboración? La que brota natural cuando estamos dispuestos a asumir que el error del otro puede ser la idea buena.

Mi amigo Cristóbal Calero, @criscalero27, participó el otro día en el Congreso de Escuelas Católicas, #sabemoseducar. Me lo perdí, pero veo en twitter parte de la reacción que provocó su intervención y, como lo conozco, me emociono (o eso creo) en la misma sintonía que se emocionaron los que tuvieron la suerte de escucharle.

Me he permitido tomar unos tweets prestados, y, como no sé si son afirmaciones que hizo él, o de los twitteros que respondieron a lo que él dijo, menciono a todos y os doy las gracias.

Cristóbal vive lo que dice que y lo que hace, por eso emociona.

Algunas afirmaciones suyas o de quien le escuchó el 30 de octubre de 2015

Algunas afirmaciones suyas o de quien le escuchó el 30 de octubre de 2015

Por descontado que este verano sucumbimos a los consejos que ha dado a sus alumnos el profesor italiano Cesare Cata. Por lo tanto, la propuesta que sigue responde al punto 3 de su lista: “lee porque el verano inspira aventuras y sueños”.
Por eso, profesores, alumnos y educadores en general, a quien le apetezca le propongo la siguiente lectura compartida y os animo a participar en la tertulia online comentando este mismo post.
El libro es rEDUvolution, de María Acaso.
https://i0.wp.com/image.casadellibro.com/a/l/t0/55/9788449329555.jpg
  • Sugerencias (solamente si te ayudan a la lectura)
Al leerlo, muchas imágenes, situaciones de aula o de “para-aula” nos van a venir a la cabeza, nos vamos a ver haciendo cosas distintas con nuestros alumnos; en ciertas situaciones no nos vamos a imaginar a nosotros, sino a otros profesores muy diferentes… Antes de caer en la dualidad “Ser o no ser María Acaso”, que no nos llevaría muy lejos, la clave que propongo para que esta lectura nos ayude es:
  • ¿Qué elementos, actividades puedo incorporar al proceso de aprendizaje para conseguir lo que me propongo?
  • ¿Qué situaciones, actitudes pueden favorecer el clima de aula que más favorece el aprendizaje? ¿Cuáles ayudan a que crezca una relación entre todos los que habitamos el aula que nos ayude a crecer?
  • Con más perspectiva, nos podemos enfrentar a cuestiones más amplias: ¿qué enseño? ¿Qué debo enseñar? ¿Qué es lo que mis alumnos aprenden? ¿En qué se basa mi autoridad como profesor o educador? ¿Qué valor tiene esa autoridad? ¿Brindan mis clases experiencias de aprendizaje a los alumnos? ¿Qué evalúo cuando evalúo? ¿Hay alguna manera de introducir nuevos elementos en la evaluación? ¿Supondrían cambios efectivos en la dinámica del aprendizaje?
  • ¿Qué elementos que damos por hecho podemos flexibilizar? (Arquitectónicos, temporales, organizativos, editoriales, ambientales, metodológicos…)
  • Y más centrados en nuestro centro:
    • ¿Cómo encajan las estrategias que propone María Acaso en nuestro Proyecto Educativo?
    • ¿Qué elementos ya tenemos incorporados a nuestra acción educativa?
    • ¿Cómo armonizar orden y creatividad en nuestra escuela?
    • Para nota: ¿cómo organizar un primer día de curso con los alumnos que sea el primer día de la rEDUvolution?
    • Los que seáis de Sagrada Familia de Urgell: ¿tendrían algo de que hablar Ana María Janer y María Acaso? ¿Por dónde iría la conversación? Si tenéis otros fundadores o figuras inspiradoras, lo mismo con esas personas.
Quien quiera compartir comentando este mismo post, ¡bienvenido!
Más información en
Twitter: @mariaacaso
O el hashtag #reduvolution
Otras fuentes de inspiración:
Y alguna propuesta twittera:

Los míos:
Misión: transformar el espacio educativo en un lugar para el crecimiento de todos los que lo respiren.
Visión: un sistema educativo en el que el orden burocrático, el cuerpo legal, los requisitos administrativos, la estructura, los roles, la financiación, la formación de los profesionales, su desarrollo de carrera profesional, la arquitectura, el reloj, los materiales didácticos, el menú del día, y hasta el color de los azulejos prioricen la persona y su aprendizaje.
Valores: el medio es el equipo; el oxígeno, la creatividad; no hay inteligencia individual, sino múltiples inteligencias; hay inteligencia colectiva; la emoción es el combustible; si nos ponemos todos en nuestra mejor versión, ocurren milagros; la familia, dentro; los profesores, fuera. Escucha, empatía y transparencia.

Objetivo, paciencia, atención, protección, pausa, consciencia y humildad

Recientemente hemos celebrado en el colegio un torneo de ajedrez. El punto inicial de cada partida de este deporte es el mismo, pero cada una evoluciona de un modo diferente. Sin ser más que aficionado al ajedrez, me atrevo a decir que algunas consideraciones sirven para todas ellas. Y también para la planificación en un centro educativo. Imagino que incluso para otro tipo de organización, pero ahí no me meto. ¿Me acompañas en la metáfora?

OBJETIVO. El objetivo debe estar muy claro. Tan claro como el jaque mate. Y ha de ser compartido por todos los que tenemos que ver con él. ¿Qué queremos, cómo lo queremos, cuándo?

PACIENCIA. No se puede hacer jaque en la primera jugada, y mucho menos mate. Poder atacar el objetivo requiere tener las fichas bien situadas, y eso lleva tiempo e intención. Hará falta paciencia antes de poder amenazar la posición del rey. Cada turno de juego implica esperar que el contrario mueva. Por otra parte, pedirle a nuestras figuras un ataque para el que, por posición (formación, visión, necesidad) no están preparadas, será la ruina segura. Los sueños que tenemos para nuestro centro merecen que no nos pueda la ansiedad.

ATENCIÓN. Necesitamos dominar el centro, y de poco nos sirve controlar la periferia. La esencia de nuestra actividad, de nuestra razón de ser como centro educativo requiere mucha atención. No es extraño, sin embargo, que alguien con responsabilidades directivas en un centro dedique muchas energías y atención a cuestiones periféricas. Este error compromete la partida y, antes o después, nos pasa factura. ¿Cuál es la esencia de mi institución? ¿Cuál es la esencia de mi tarea en ella? ¿Le dedico lo esencial?

PROTECCIÓN. Protejamos nuestras figuras. Especialmente, las más influyentes; y las más delicadas; y las más frágiles. ¿Tengo bien atendidos a todos?

PAUSA. Cada jugada necesita pausa. Un tiempo para pensarla. Objetivos, estrategia, planificación, y permanente lectura de la situación presente. Las decisiones que mas recursos comprometen, que involucran a más personas, que más energías van a requerir, no pueden ser precipitadas. Lo que viene inseparablemente acompañado de lo siguiente.

CONSCIENCIA. Cada jugada no tiene vuelta atrás. ¿Qué nos aporta lamentarnos por la situación que teníamos en la anterior jugada? ¿A qué nos ayuda valorar si ahora estamos mejor o peor? Estamos aquí y estamos ahora. ¿Recordáis cuál era nuestro objetivo? ¿Con qué contamos AHORA para seguir avanzando? ¿Qué necesitamos? Pensemos. Valoremos las posibilidades y las amenazas. Y actuemos.

Y, en fin, HUMILDAD. No siempre se puede ganar. Somos falibles. Podemos no alcanzar los objetivos que nos habíamos trazado. A lo mejor no era el momento. Quizá no compartíamos la misma visión del objetivo, o equivocamos la planificación, o los medios que dispusimos. Puede que la ansiedad nos tensara. O nos distrajimos con cuestiones no esenciales. Tal vez elementos externos nos impidieron avanzar. Sin embargo, la próxima partida, con todo lo que hemos aprendido en esta, será la nuestra. ¿Por qué no?

Crecen... A pesar del adoquinado, del peatón, del fotógrafo, del ayuntamiento, de la lógica...

Crecen…
A pesar del adoquinado, del peatón, del fotógrafo, del ayuntamiento, de la lógica…

Se acerca el principio… ¡Uf!, qué cuesta arriba. ¿El principio de qué? Del siguiente curso. Habrá quien lo empiece después de años de experiencia y quien lo haga por primera vez. Quien comience con ciclo, materias o en un centro nuevo. Quien se enfrente a este curso con una nueva responsabilidad entre manos. Quien inicie el curso sin saber dónde va a trabajar, con quién; ni si quiera si va a trabajar. ¡Suerte y ánimo para todos!

¿Se tratará nada más que de un curso más? En septiembre, amigos y amigas, ¿comienza la aventura, el trabajo, el aprendizaje, el encuentro, los recortes, las programaciones, los desajustes, las oportunidades, las reivindicaciones, los proyectos?

Los que trabajamos en un centro educativo somos unos privilegiados. Trabajamos en un lugar maravilloso, donde ocurren milagros, donde todo es posible. Sí, sí: un lugar maravilloso. Y creo que trabajamos en un lugar maravilloso por una razón aplastante: porque nuestra misión es convertir nuestras aulas, colegios, institutos, escuelas… en lugares maravillosos para los destinatarios de nuestro trabajo, para los niños. Entornos de seguridad, acogedores, donde lo imposible puede ocurrir; donde todos tienen un hueco y al que apetece ir por las mañanas; donde a uno lo quieren: allí me creen capaz, cuentan conmigo, me echan de menos si no voy; donde, para tantos, es donde mejor se come, se detectan enfermedades o trastornos; donde me ven como una oportunidad, y no como un problema; donde escucho mi nombre de pila y recibo mensajes que me ayudan a crecer. Donde todos somos iguales en derechos. Donde el saber está por encima del tener, y el ser por encima del saber.

Igual con septiembre no llega el comienzo de nada. Me parece a mí que situar en septiembre el principio de lo que sea (o el final de mis vacaciones), supone mirar la escuela desde el ángulo del educador, del claustro, del director. El aprendizaje de nuestros alumnos comienza mucho antes de que nosotros entremos en escena, y continúa mucho después de que el profesor desaparezca.

¿Un deseo para este curso? Que cada día contemplemos esta tarea fascinante y agotadora desde los ojos de sus protagonistas: nuestros alumnos.

PD ¿Cuándo tomar las doce uvas? Yo, cuando se las toman mis alumnos.

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